Uno de los motivos que nos llevaron a iniciar esta aventura de dar a conocer más en profundidad el Funicular de Artxanda, “el funi”, fue precisamente el hecho de que a nuestro juicio, nuestro querido “funi” estaba comenzando a dar la espalda a lo que fueron sus señas de identidad, su estrecha vinculación con los barrios de Castaños y Uribarri, con sus gentes, etc.  Hoy contemplamos asombrados cómo la relativa confortabilidad de la que han disfrutado durante más de 100 años vecinos y visitantes se tira por los suelos por mor de no se qué otros objetivos: Se suprimen asientos en los vehículos, se clausuran los servicios públicos de la estación superior (¡!), no se hace nada por dotar a los vehículos y/o a las estaciones de sistemas de refrigeración mínimamente adecuados sino que actuaciones de la propia Sociedad consiguen exactamente lo contrario. Y más, mucho más… Porque nosotros y nosotras queremos al funicular, a nuestro funicular en el convencimiento de que:

¡¡Otro Funicular de Artxanda es posible!!