Hace pocos días, una amiga que sabe que trabajo en el Funicular de Artxanda, en el funi, me remitía el post que publicaba una conocida red social donde se hacia eco de la protesta de una usuaria del servicio quejándose sobre el aforo del Funicular (últimamente son muchísimas y casi siempre en el mismo sentido y no debidas siempre a la época de pandemia que padecemos sino por lo que se ha convertido en práctica habitual de funcionamiento en este funicular).

Cierto es que desde hace tiempo el Funicular de Artxanda, nuestro funi de siempre, ha dado la espalda totalmente al usuari@ tradicional. Pienso en personas que llevan veinte y más años subiendo, por obligación, puesto que el polideportivo al que deben de dirigirse por motivos terapéuticos, por motivos de trabajo o porque, simplemente, el lugar al que deben acudir a hacer deporte se encuentra, no en Castaños o en Uribarri, sino en Artxanda lo que les obliga a utilizar el servicio del funicular.

A todos ell@s, personas de 60, 70, 80 y más años, se les obliga ahora a subir en un “funicular sin asientos”  (*) a cualquier hora del día y época del año, en ocasiones apiñados como auténticas sardinas en lata y soportando en épocas estivales unas temperaturas más acordes con el transporte de ganado que para el traslado de pasajeros, quizás por ello el Funicular de Artxanda no ha abandonado la tradicional forma de denominar a los vehículos encargados de transportar a los pasajeros  en esta segunda etapa de su existencia; “vagones”.

Dicho esto no comprendo como puede solicitarse más frecuencia de viajes para evitar aglomeraciones por meros motivos turísticos o de ocio. Lo entendería por los pasajeros que a primeras horas de la jornada, bien suben a Artxanda o bien descienden hasta Bilbao por motivos de trabajo, dejando el automóvil estacionado en Artxanda. Es curioso que en pleno pico de la segunda ola de la maldita pandemia debida a la Covid-19 el Funicular de Artxanda haya reflejado las mayores  demandas de viajes. ¡Qué tremenda irresponsabilidad la de muchas personas que, pienso, se sienten invulnerables, muestran para los demás, para personas que cualquier descuido les puede pasar factura.

Menos aún entiendo que se siga promocionando a todo volumen, hoy mismo lo leo en un prestigioso diario, la subida a Artxanda como alternativa para estos días en que, dicen, no podemos cambiarnos de municipio. Y menos aún cuando se dirige desde instancias oficiales a un lugar donde no hay servicios  públicos obligando a visitantes a utilizar los de los establecimientos de hostelería privados, ahora cerrados.

Por si fuera poco el Funicular de Artxanda  decidió, hace ahora más o menos un año, suprimir los servicios públicos presentes en la estación superior  con determinados pretextos aduciendo que “no le corresponde” al Funicular de Artxanda proporcionar unos servicios públicos de aseo  para toda la zona. No, no le corresponde, pero lo que sí parece que corresponde es pasar la factura que un servicio tan deficitario y tan penosamente gestionado obliga a pagar a todos los bilbaínos y bilbaínas.

(*) Curiosamente los únicos asientos que permanecen son los que durante años la empresa no ha querido reservar para dar preferencia, como el resto de los transportes públicos de Bilbao, a personas de edad avanzada, embarazadas, etc.

Porque otro funicular es posible…  

… pero sería bueno que personas, partidos políticos, etc.  que de una manera u otra tienen responsabilidades en el Funicular de Artxanda comenzaran a conocer otras realidades más allá de las maravillas que les cuentan.