Hoy en día es  conocida,  principalmente en Artxanda, la denominada “Plataforma Artxanda” que promueve actuaciones en favor de un desarrollo de la zona de Artxanda en temas como infraestructuras, comunicación, seguridad, etc. Pero es de justicia indicar que ya existió una que podríamos denominar “Plataforma Archanda I” que fue la que se “movilizó” de alguna manera frente al “Movimiento” para que el Consistorio de Bilbao (o quién fuera competente) pusiera de nuevo en funcionamiento el Funicular de Archanda, “el funi”, utilizando métodos que ahora nos parecen muy corrientes como la típica “recogida de firmas” (aunque actualmente ya lo hacemos directamente por ordenador, sin movernos de casa, mediante plataformas como change.org u otras plataformas similares).

Los vecinos conocen la “donación” [1] de la cartera de acciones y obligaciones que de la Sociedad efectuó D. Marcelino Ibáñez de Betolaza a la Corporación bilbaína por lo que se dirigían a ésta como nueva propietaria del Funicular.

Para ello vecinos y vecinas de Artxanda firmaron en un libro que posteriormente sería remitido, junto a un escrito, al Ayuntamiento de Bilbao. El escrito data del 7 de Enero de 1938 y se registra en el Consistorio bilbaíno un 21 de Enero del mismo año.

En el escrito que podemos ver arriba, junto con las firmas solicitantes, se razona que el funicular no ha sufrido daños irreparables sino que le veían posibilidad real de reparación por lo que culpando, por supuesto, no a los que bombardearon el funicular sino a la “vana resistencia” que algunos ofrecieron en las laderas del monte Artxanda, solicitaban la reapertura del funicular. También se hacía referencia en el escrito sobre el “escaso desarrollo” que una zona como Artxanda había tenido en el pasado a la que veían mayor potencial, también aludían a que era una zona muy alabada por los “extranjeros“, etc. y que en definitiva el “Mirador a Bilbao” debería reactivarse para poder conseguir vivir en “un día mejor“. (Parecidas razones a las que hoy en día escuchamos de la Plataforma Artxanda).

Poco después, un 12 de Abril de 1938 del “Segundo año triunfal” un escueto Decreto del Ayuntamiento decía: “Conforme” por lo que comenzaron los contactos para que el persistente “anhelo” del barrio de Artxanda se hiciera realidad.

Como podremos leer en próximos capítulos de esta nuestra historia, la historia del funi, el funicular pudo reabrirse, si bien de una manera precaria, pocos meses después puesto que, efectivamente, podía hacerlo sin grandes inversiones.

[1] El tema de la donación se tratará en otro artículo.